El Corazón como Oportunidad

Los momentos de tránsito que la naturaleza marca nos ofrecen oportunidades de alineación, en este caso sintonizar nuestra conciencia en una invitación a hacer revisión y foco.

Celebrando este pasaje a un nuevo año, solsticio de invierno mediante y la variedad de fenómenos que nos acompañan, reflexiono sobre la Espiral de Aprendizaje en el gran período que estamos viviendo como humanidad.

En lo personal el año 2020 me he sentido convocada a cuidar y velar por el equilibrio en mi vida. Dándome cuenta de la necesidad de relentizar y estar muy atenta al uso e intercambio de mi energía, como diría una querida amiga, con la conciencia en “reducir para vivir.» 

Llevando la mirada al equilibrio, revisando cómo estaba el equilibrio en mi, en mis pensamientos, en mis sentimientos, en mis movimientos.

Una invitación a Ser y Estar en Equilibrio conmigo, mis relaciones, 
y las tareas a las que  me dedico y realizo. 

Al tiempo que a observar todos los velos, creencias y narrativas que me separan de esta manera de ser y estar en el mundo.

En definitiva, poco a poco fue floreciendo una invitación a revisar cómo estaba la relación con mi corazón, y ahí dejar caer la pregunta ¿cómo y para qué, me separo de lo más esencial de mi misma?

Ahondando en esta interrogante, fui atravesando las capas de mi mente, poniendo luz en los lugares más oscuros y sombríos, y fueron saliendo a la superficie los lazos con el inconsciente que a veces me atrapan y me alejan de lo más auténtico de mí misma. Los vínculos intraspíquicos que son necesarios cortar porque dan vida y alimentan esa separación. 

Con el candil en una mano y el cuchillo en la otra, valiosos aliados para transitar los procesos de iniciación del alma, pude ir andando el camino, abriéndome paso, haciendo mi alquimia. Clarificando, deshaciendo creencias, cortando los lazos que me esclavizan. Y entonces, recuperar lo vital, lo esencial, lo orgánico en mí, sintiendo lo realmente importante.

Así llegar a escuchar en lo profundo de mi corazón “cuida el calor del hogar”… “cuida el calor del hogar”… “cuida el calor del hogar”…

Y sonreír en el discernimiento de tan hermosa tarea. 

Mi psique actualizada susurrándome que me centre y cuide mi primera casa, mi cuerpo, luego, el calor del hogar de la familia, y así estar en un buen equilibrio en mi servicio, en el trabajo que realizo, en la consulta, los talleres y la docencia. 

Me fui dando cuenta. Cuidar el calor del hogar es mantener encendido el fuego de mi corazón, ese fuego interno que ilumina y purifica, esa llama viva que alimenta y nos da energía. Ese fuego que hace que esté disponible para mi misma, en un buen balance conmigo, con la vida y con los procesos que acompaño.  

Cuidar el calor del hogar es estar en presencia nutricia para darme y dar una atención de calidad. 

Cuidar el calor del hogar es nutrirme y nutrir las relaciones íntimas y significativas para dar continuidad a la construcción de un presente que preserve el sentido. 

Cuidar el calor del hogar es habitar la intimidad profunda y sincera conmigo misma y mis relaciones.

Cuidar el calor del hogar es recuperar el valor de tejer despacio, con cuido, con mimo, con constancia y con paciencia.

Es tomar el tiempo para elegir los hilos, para visionar la trama y entregar los resultados. 

Es tomar el tiempo de habitar el no saber. Tomar el tiempo de habitar el saber. 

Es tocar mis límites. Encontrándome dentro de mis fronteras en mi autenticidad. 

Es profundizar en este ser auténtica y honesta con lo que me mueve a compartir y compartirme.

Sentirme territorio vivo y que la forma de compartir y compartirme también está viva, mutable y cambiante como la naturaleza y como yo misma. 

Es honrar el tiempo. Reconocer la importancia de todos los tiempos. Hay tiempos de retiro, tiempos de silencio, de vacío, de no ganas, tiempos de creación, tiempos solo para mí, tiempos para lo público y tiempos para lo privado, tiempos de contracción y tiempos de expansión. Tiempos para las múltiples combinaciones que pueden suceder entre todos estos tiempos. 

Y al sentir esa verdad, me toco con la Totalidad que soy, me siento viva y plena en todas mis formas y maneras. Y es en esa experiencia que me siento Libre y experimento la belleza y el goce de lo que es cierto, de lo que es real.

Jean Shinoda Bolen, psiquiatra y analista junguiana nacida en Estados Unidos, dice que «La sanación y la reintegración de la psique van íntimamente ligadas al hecho de decir la verdad, pero a menudo se requiere un esfuerzo para descubrir esta verdad. Es necesario que establezcamos contacto con lo que realmente sentimos…»

A veces nos cuesta, porque reconocer lo que sentimos puede ser inadmisible para nosotros mismos, o podemos creer que esos sentimientos y emociones ponen en riesgo relaciones que nos importan.

Por eso abrir el corazón, y adentrarnos a ver y oír lo que hay en ese espacio afectivo, es una gran oportunidad para restablecer lo verdadero en nosotras y nuestras vidas. Para darnos cuenta de lo que nos duele, de lo que nos aflige, y hacer los cambios necesarios para poder ser sinceras, que como dice esta misma autora, es sinónimo de «estar curadas».

¿Cómo estoy, cómo me siento, cómo está mi energía, qué necesito… qué me mueve hoy?

Estas preguntas tienen una fuerza vinculante, una fuerza que nos ayuda a mantenernos unidos a nosotros mismos, a propiciar la integridad en lugar de la división y la ruptura en nuestra Mente, Corazón, Cuerpo.

El poder de preguntarnos cómo estamos y qué sentimos, nos orientan en el camino de saber a cerca de nosotros y mantenernos cerquita de nuestro corazón, custodio guardián de la vida.

Ojalá podamos hacer este viaje adentro y al centro para detectar las rutas y recorridos que nos ayudan a mantearnos cerquita de nuestro verdadero YO y alimentar la llama. 

Al tiempo que dejar las miguitas de pan necesarias que nos guían en el camino de vuelta a a casa, al hogar, cuando nos perdemos.

Mi deseo en estos tiempos… que  podamos cuidar nuestro corazón. Que sepamos cuidar nuestra energía. Y que la cuidemos del abuso que este sistema nos propone, ofreciéndonos un modelo de hiperactividad, como personas siempre activas y hacedoras. Promoviendo que estemos en todos lados y en todas partes a la vez, con el foco puesto en el consumo y la producción. 

Un modelo que genera mucho ruido, alienación y enfermedad. Interrumpiendo la genuina conexión con el Ser y la Naturaleza. 

Conexión tan importante para fortalecernos y confiar en nosotr@s, en el tejido que somos y en la vida. Para cultivar buenos hábitos de higiene psico-emocional. Cuidar nuestra salud, y las relaciones esenciales. Para cuidar el calor de nuestro Hogar – Cuerpo – Familia – Planeta.

Conexión tan importante para mantener la llama del corazón encendida y la conciencia despierta.

Pienso metafóricamente en lo mucho que necesitamos momentos «diastólicos», porque es durante la diástole que el corazón se relaja y se llena. Durante la sístole el corazón se contrae y envía una poderosa corriente de sangre necesaria para la vida. Para que el cuerpo funcione correctamente y proporcione alimento a todo el cuerpo, debe relajarse y llenarse. Y nosotros también.

Jean Shinoda Bolen

Es un acto de Amor, cuidarnos del sistema abusivo y dañino. Y evaluar en qué medida lo mantenemos y alimentamos vivo dentro nuestro. 

Tomar el tiempo para revisar con cariño y detenimiento ¿cuál es el sistema que queremos levantar en nuestro interior? ¿Cómo es nuestro gobierno interno? 
¿Cómo está nuestra soberanía?¿Cómo se  sientan a dialogar nuestras voces y personajes internos? 
¿Con qué leyes y mandatos se manejan, cuáles necesitamos actualizar, confrontar, repensar? 
¿Qué de éste modelo necesitamos ablandar, fortalecer? 

Y así elegir los cimientos de una nueva estructura interna colaborativa, amable, que nos dé un buen soporte y sea una buena compañera en la próxima etapa que anhelamos vivir.

Es importante darnos cuenta las negociaciones internas que hacemos cada día. Cómo negociamos con nosotras mismas y con nuestra personalidad y qué consecuencias tiene esta dinámica para nuestra vida. 

Revisar los cuentos que nos contamos para mantenernos en esa misma dinámica de la que queremos salir, los roles y juegos sociales que asumimos. Y cómo organizamos nuestro intelecto, nuestro discurso y nuestra propia percepción para enfocarse en aquellos detalles que nos llevan a seguir haciendo lo mismo una y otra vez, justificándonos. 

Salirnos de esas narrativas que mantienen vivos esos juegos de control y poder sobre nosotras mismas y nuestras relaciones es un acto liberador. No es sencillo, sí muy necesario.

Caminar hacia la libertad de movernos según nuestras verdaderas necesidades. Según el instinto, la intuición, la espontaneidad y receptividad, y los verdaderos ritmos y ciclos de la naturaleza, y de nuestra naturaleza… es un hermoso propósito.

Darle la autoridad a la naturaleza es un acto que ordena. Ella marca lo inmutable y nos muestra la verdad de la materia, nos ayuda a poner el foco en los hechos y nos ayuda a salir de las narrativas que nos contamos, que en muchas ocasiones nos conducen al autoengaño. 

La naturaleza nos muestra los límites, los límites que nos contienen y contienen toda posibilidad de existencia terrena. Sin límites no hay posibilidad de una existencia manifestada. 

Tocando mis límites, he sentido las ganas de traer hoy a este espacio parte de la intimidad de mis procesos y compartir con alegría. 

Con la alegría que se comparte lo auténtico, con la alegría que se celebra el encuentro cuando es verdadero y de corazón, porque esa es la dirección que me hace sentido. 

Habitar un encuentro donde nos toquemos con nuestras fronteras y las fronteras «del otro». Donde demos la bienvenida a la oportunidad de reconocer la «alteridad», y dentro de nuestros límites ser lo más auténticos posibles.

Hoy celebro nuestros límites. Y así nuestra autenticidad. Y desde allí, el seguir encontrándonos, a nuestro ritmo, y a nuestro tiempo, en el respeto a la diversidad que somos, a nuestras diferencias y en la honestidad de lo que sentimos y necesitamos. 

En la sinceridad de cómo queremos compartirnos.

En lo personal, compartiendo de esta manera, respetuosa con mis ritmos, honesta con mi energía, y en equilibrio con mis necesidades.

Siguiendo como hasta ahora, el impulso de mi corazón. Sembrando semillas que nutran y aporten desde mi visión a este cambio de conciencia individual y colectiva que estamos viviendo.

En este amanecer del Nuevo Año, les agradezco a todos los seres y relaciones que me ayudan a profundizar y tocarme con Amor.

Agradezco a todos ustedes que leen las publicaciones y me inspiran a seguir escribiendo y compartiendo. Sobre todo con el deseo de que las lecturas sean buenos disparadores para su propia búsqueda, para sus propias reflexiones, sentires, alquimias y viajes a la profundidad de su corazón.

¡Que sea un bello año para tod@s, que continuemos los aprendizajes con dulzura y la luz sea en nuestros corazones!

Gracias por Ser y Estar. 

Un abrazo afectuoso

Leticia

Leticia Cayota
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